Visita la Nakagin Capsule Tower antes de que sea demasiado tarde

Este edificio de los años 70 estaba pensado para un futuro que nunca llegó a ser como sus creadores imaginaban.
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Vista exterior de la Nakagin Capsule Tower en la actualidad. Foto: Noa.

En este mundo hay lugares que, con un solo vistazo, te dejan claro que su historia es única. La Nakagin Capsule Tower es uno de ellos. Y en su caso, puedes intuir que esta historia no parece conducir a un final feliz. 

Es un ejemplo claro de retrofuturismo, un concepto agridulce: al ver lo que las personas del pasado creían que iba a ser nuestro presente detectamos sus ilusiones, sus expectativas. Pero por desgracia, la gente que existirá después de ti seguramente no tendrá las prioridades que tú suponías. A veces, les dará igual el favor que tú pensabas que les estabas haciendo, las soluciones que intentabas ofrecer a sus problemas. La historia de la Nakagin Capsule Tower tiene bastante de eso y por eso es una historia triste. 

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Ilustración de la ubicación de la Nakagin Capsule Tower, disponible en el folleto promocional original de la época. 

Se diseñó para evolucionar, siempre yendo paralela al futuro. Pero esa evolución nunca llegó: se transformó en una costosa complicación. Por eso hoy, tras casi 50 años en pie, la Nakagin Capsule Tower está moribunda. Después de haber pasado años fascinada por la torre desde fuera, el último día del año 2020 decidí visitarla por dentro y conocer un poco mejor su historia.  

El arquitecto Kisho Kurokawa fue quien ideó la torre. En la Expo de Osaka de 1970 exhibió un tipo de edificio que pudiera evolucionar, ensamblado a partir de cápsulas reeplazables. El empresario Torizou Watanabe buscaba construir un edificio de apartamentos en Ginza que ofreciera a los hombres de negocios una nueva experiencia, y la idea de Kurokawa encajó con su visión sobre el futuro. 

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Interior de una de las cápsulas visitables que mantiene gran parte del equipamento original a excepción de elementos como la cama. Foto: Proyecto de preservación y restauración de la Nakagin Capsule Tower.

Kurokawa formaba parte del movimiento arquitectónico japonés conocido como Metabolismo, basado precisamente en diseñar edificios vivos, pensados para crecer, cambiar, de acuerdo con las necesidades futuras. La leyenda dice que Kurokawa recibió la inspiración para diseñar la Nakagin Capsule Tower al ver a su hijo jugar a Lego — como fan de Lego que soy, he decidido creérmelo. 

El edificio se construyó en 1972 en solo 30 días. Sus apartamentos, de 10 metros cuadrados, contaban con cama, baño propio, una pequeña cocina, un escritorio plegable y equipos Sony de última tecnología – “como si hoy vivieras en un apartamento con dispositivos de Apple integrados”, me explica Yuka, mi guía durante la visita. Y lo más emblemático: una ventana circular de 1,3 metros de diámetro. La sensación dentro de la cápsula es la de estar en el camarote de un crucero o en una nave espacial. Y en los años 70 no había nada que representara más el futuro que el espacio. 

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Nakagin Capsule Tower construida por fans con piezas de Lego. Foto: Noa.

En los apartamentos empezaron a vivir hombres de negocios, normalmente solo entre semana. En un inicio, el empresario Watanabe era propietario de todo el edificio, pero gradualmente, algunas cápsulas fueron compradas por distintos inquilinos. El plan de Kurokawa establecía que las cápsulas se reemplazaran cada 20 o 25 años. Pero este cambio nunca ocurrió. 

Para poder llevarlo a cabo, todos los propietarios tenían que estar dispuestos a renovar sus cápsulas a la vez, puesto que no es posible extraerlas del edificio independientemente. Aunque Watanabe poseía gran parte de las 140 cápsulas que conforman la torre, no se logró un acuerdo entre todos los propietarios. Para un edificio pensado para volver a ser nuevo, volver a empezar de cero, algo así supuso el inicio de la decadencia. 

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Los equipos electrónicos de Sony integrados en las cápsulas representaban lo más avanzado de la tecnología de la época. Foto: Noa. 

Ya en los años 80, las filtraciones de agua empezaron a ser un problema. La lluvia permanecía en el techo de las cápsulas sin drenarse, dañando el acero. En 2010 se descubrió una fuga en una tubería. En un edificio normal, esto podría repararse, pero en un edificio como la Nakagin Capsule Tower, donde las tuberías están instaladas en un estrechísimo espacio entre cápsula y cápsula, esto resultaba demasiado complejo y costoso. Por este motivo, desde ese momento la torre no tiene suministro de agua caliente. 

El día anterior a mi visita a la torre había llovido. Realmente pude experimentar lo que todas estas filtraciones suponen para el edificio. Si dentro de la cápsula sentías estar en un barco, caminando por los pasillos y escaleras costaba creer que no fuera así por los constantes regueros de agua y goteos. Y un barco no puede durar mucho en estas condiciones…

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Plano de una cápsula de la Nakagin Capsule Tower, disponible en el folleto promocional original de la época.  

Aun así, en estos húmedos pasillos había zapatos, maletas, decoraciones en las puertas… Había vida, había cotidianidad. De las 140 cápsulas de la torre, 20 están ocupadas por residentes, 30 se utilizan como oficinas y otras 30 son estudios o talleres. Arquitectos, diseñadores, editores, CEO, abogados, universitarios, DJ, etc., utilizan estas cápsulas para vivir o trabajar. Vivir o trabajar en espacios de 10 metros cuadrados, en un edificio en condiciones tan precarias, solo puede significar una cosa: la torre te fascina.

El resto de cápsulas están abandonadas. Dentro de algunas han crecido incluso plantas salvajes. “¿Pero nadie va a hacer nada por la torre?”, le pregunté a Yuka. Yuka forma parte del Proyecto de Preservación y Restauración de la Nakagin Capsule Tower, una iniciativa impulsada en 2014 por uno de los propietarios de cápsulas, Tatsuyuki Maeda, con la intención de salvar la torre. 

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Puerta original del baño de la cápsula. Foto: Noa. 

Yuka me explicó que la compañía de Watanabe vendió las cápsulas que aún poseía a un fondo de inversión. Este fondo ha ido comprando cada vez más cápsulas, con el objetivo de tener el poder de decisión suficiente para demoler la torre y construir en su lugar un edificio más lucrativo. Actualmente, este fondo posee un 80% del derecho a voto sobre el futuro de la Nakagin Capsule Tower. 

El Proyecto de Preservación de la torre intentó también que el Gobierno de Tokio calificara la torre como bien cultural de manera excepcional, ya que este tipo de consideración se concede a edificios de 50 años o más y la Nakagin Capsule Tower tiene a día de hoy 49. El Gobierno de Tokio rechazó esta propuesta por tratarse de un edificio de propiedad privada. 

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Redes de protección cubren la torre para evitar desprendimientos. Foto: Noa. 

Salvar la torre requiere un gran desembolso económico, pero sobre todo es importante que la entidad responsable entienda el valor de la torre, su significado, lo que tendría que llegar a ser. Se iniciaron negociaciones con un fondo que reunía estas características, pero la crisis del coronavirus ha hecho que estas negociaciones se hayan paralizado. Por eso, la torre sigue en peligro a día de hoy. 

En Japón, debido a los terremotos y el modelo de construcción, muchos edificios tienen un ciclo de vida mucho más corto que en otros países. Pero preservar edificios del pasado, especialmente si esos edificios representaban el futuro de una época, de un momento histórico de bonanza, de libertad creativa, de optimismo, puede ser una gran fuente de inspiración y conocimiento para las generaciones futuras. 

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Ilustración de las cápsulas desde el exterior, disponible en el folleto promocional original de la época.  

Envidio a la gente que ha tenido la oportunidad de que la torre sea parte de sus vidas. El libro “Nakagin Capsule Style”, editado mediante crowdfunding, recopila fotografías e historias de 20 de las cápsulas que están habitadas como apartamentos o espacios de trabajo, y es realmente fascinante. Además de las cápsulas privadas, algunas de las cápsulas se alquilan de manera mensual, pero la lista de espera es muy larga. Algunas de las cápsulas estuvieron disponibles en Airbnb, pero actualmente ya no es así. 

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En el libro “Nakagin Capsule Style” se muestran algunas de las cápsulas y a sus habitantes. Foto: Proyecto de preservación y restauración de la Nakagin Capsule Tower.

Lo que sí puedes hacer ¡y deberías! es visitar la torre. No lo hagas simplemente entrando en el edificio por tu cuenta – me sorprendió muchísimo la cantidad de carteles de “no entrar, se llama a la policía” que había por todas partes en el edificio, por lo que entiendo que esto es una práctica habitual por parte de turistas curiosos. Apúntate a una visita guiada, las hay tanto en japonés como en inglés e incluso puedes concertar una visita privada con tu grupo de amigos. El dinero de tu entrada irá destinado al Proyecto de preservación de la torre, por lo que de alguna manera estarás contribuyendo a que siga viva. 

Por suerte, hay esperanza. Incluso en el caso de que la torre no pudiera permanecer en su ubicación actual, el Proyecto de Preservación y Conservación de la Nakagin Capsule Tower velará por trasladarla a otro lugar, manteniendo en la medida de lo posible la esencia del edificio. El Metabolismo y la teoría de Kurokawa creyeron en una arquitectura que no dependiera del terreno. El edificio podría entonces metabolizar en otro lugar, dado que efectivamente, las necesidades de la población han cambiado. Quizá Kurokawa, Watanabe y el Metabolismo no estaban tan equivocados, al fin y al cabo.

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Si visitas la Nakagin Capsule Tower puedes comprar uno de los pocos folletos de venta originales que todavía quedan. 

Reserva tu visita guiada a la Nakagin Capsule Tower en inglés o en japonés.  

Compra el libro “Nakagin Capsule Style” en Amazon

Gracias a Yuka Yoshida, Tatsuyuki Maeda y al Proyecto de Preservación y Restauración de la Nakagin Capsule Tower por haber facilitado la información para este artículo, y por la increíble labor que realizan para hacer que la torre siga viva. 

( 人・ω・)

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